martes, 18 de abril de 2017

Phil Defer.

Phil aparece en las aventuras de Titú de manera muy esporádica en el álbum “Equinoccio”, pero su presencia va cogiendo fuerza en el libro siguiente titulado “El fin del mundo”, donde nos haremos una idea mucho más exhaustiva de este complejo personaje de carácter fuerte. 

Como la mayoría de los personajes de nuestras aventuras, Phil es una persona real, que aún vive en Saint-Jean-de-Luz, el pequeño pueblo costero donde ocurren gran parte de las peripecias de nuestros héroes. Su apodo proviene de un personaje de Lucky Lucke, un malo de broma de uno de los míticos álbumes de Morris.

Conoció a la madre de los niños en Cambo les bain, cuando esta última estaba en rehabilitación después de su grave accidente de automóvil, una desgracia relatada en el álbum “Mistigri”. 





Exuberante, posesivo, divertido, soñador, deportista, muy grande y sin mucho pelo, es así que Titú y Sebastián lo veían en esta época, a mediados de los 70, y es verdad que con él era imposible aburrirse, las aventuras y desventuras llegaban solas.

Es cierto que reemplazó de una cierta manera al padre de los niños, creando lazos que los unieron a todos para siempre.



Sus grandes aficiones: la pesca, los amigos, el whisky y las mujeres, una mezcla peligrosa, sobre todo con la madre de Titú a su lado. Como ya se ha dicho, el ambiente en casa era bullicioso y siempre a punto de estallar.

Phil coleccionaba las monedas antiguas que encontraba en la playa gracias a su famoso “Detector de métales”, uno de los primeros en la época. Me hace mucha gracia esta foto porque en el fondo de los vasos de chupitos que vemos, se podía admirar bellas chicas desnudas, un verdadero milagro para los niños que, obviamente, sólo podían mirar.













Es cierto que está época fue muy complicada para nuestro Titú que siempre se quedó un poco atrás con su relación con Phil, pero ahora que he escrito tantas historias sobre ambos, sabemos la importancia que tuvo en su vida.

Volví a ver a Phil el verano pasado. Lo más curioso de todo es que no ha cambiado para nada. Se casó, tuvo un hijo, Petit Pierre, y sigue con sus aficiones… bueno, casi todas.


martes, 7 de marzo de 2017

Invisible.

A veces, los guerreros lloran.. pero sólo cuando les duele el corazón. 

¿Quién no ha vivido ese terror infantil, cuando una madre sufre, lejos de tu alcance y de tu amor?

Los recuerdos nos engañan, sí, pero también son los guardianes del tesoro de nuestra memoria. Somos selectivos y no queremos acordarnos de todo porque el dolor suele estar siempre al acecho.

Curiosamente, es ese mismo dolor el que ayudó a Titú, muchos años más tarde, cuando su apodo no era más que un leve espejismo de la infancia, para escribir sus recuerdos. Después, poco a poco, se transformaron en esas bellas novelas gráficas que narran sus aventuras, a veces inventadas.

Un día, cuando es el momento, volvemos a recordarlo casi todo.  


miércoles, 15 de febrero de 2017

Transfiguración.

Cuando presenté el primer capítulo de Styx a Carlos, le expliqué que, por muy tenue que sea, existía un lazo entre Titú y el personaje anónimo de nuestro nuevo proyecto.

Pedí a Carlos de imaginarme de viejo, dejando atrás toda la documentación que nos sirvió para realizar las aventuras de nuestro joven héroe.

Me hicieron gracia sus primeros esbozos que hizo a mano alzada, aquí, en el despacho, justo delante de mi. 

Lo más curioso de todo es que ni siquiera me observaba para tomar referencias visuales… como si ya supiese quién iba a ser en un improbable futuro.

En ellos, aparezco cruzándome conmigo mismo, una experiencia bastante sorprendente reflejada con bastante acierto en el álbum.





lunes, 9 de enero de 2017

Titú tiene novia!

Bueno, en realidad no la tiene, pero un día que Carlos estaba garabateando ideas sueltas, salió este bella niña de la nada.

Por lo visto, nuestro joven amigo se quedó con los ojos como platos, incapaz de articular la más mínima palabra.

Es que en su mundo, no hay niñas.

¿Será un mensaje subliminal para que haya cambios en el hermético mundo de papel de nuestro intrépido amigo?


lunes, 19 de diciembre de 2016

Los reyes del mambo.

Cuando Carlos y yo nos vamos de dedicatorias, una jungla de lo más heteróclita acude con curiosidad hacia nuestro stand, como si fuésemos unos extraños bichos sacados de algún zoo ambulante.

El hecho en sí no molesta para nada. Hemos visto pasar chicas Pinkys además de frikis guay, Rastas y Afros de todo pelajes, hombres de frac y otros en bañadores, a veces unos extraterrestres estrellados… incluso llegué a ver algún asesino a sueldo merodeando con una mirada de la más promiscua.

Carlos me dice que está acostumbrado, que él los ve hasta en sueños. A mi aún no me visitan, pero no tengo prisa en que lo hagan, que hay demasiados habitantes vagando en mi cabeza. Me gusta charlar, sí, pero también quiero descansar, sobre todo de noche, que es cuando toca.



martes, 15 de noviembre de 2016

Les petits Buddhas.

Titú nunca ha sido un gran filósofo, eso está más que claro. Su concepto de la vida siempre ha sido bastante simple: jugar, jugar y jugar. Bueno, también dibujar cuando uno ya está cansado de tantos ajetreos.

Es que dibujar no es jugar, no. Dibujar es importante, dibujar es, quizás, una filosofía y, sobre todo, cuando dibujas… te vuelves invisible.

Titú sigue siendo invisible, incluso ahora que parece haber crecido, no parece haber cambiado mucho. 


miércoles, 19 de octubre de 2016

Las playas de los veranos infinitos.

Es allí, realmente, que Titú y Sebastián tuvieron sus aventuras más famosas, aventuras recordadas hasta el final de los tiempos, cuando la vida ya no es más que recuerdos. Dichas playas han marcado para siempre la memoria de nuestros muchachos y es un honor compartirlas, gracias a las pocas fotografías que aún han perdurado hasta hoy.

Tampoco nuestros amigos iban a muchas de ellas, y tampoco todas eran de arena. La de la gran playa de Saint-Jean-de-Luz era la más concurrida y, sobre todo, la más accesible ya que sólo estaba a cinco minutos de la casa… pero aunque los tres diques proporcionaban algo de magia, le faltaba el toque de aventura de las dos otras, la de la “Corniche” y, sobre todo, la de la “Pile d’Assiette”.







Ir a la Corniche era ya por si, toda una odisea. Había que bajar los largos acantilados cargados de juguetes, material de pesca, la comida del día, las toallas y los libros, los fusiles anti piratas y los arcos mata cangrejos. Pero una vez abajo, el esfuerzo valía la pena. Nunca había nadie y las rocas eran todas nuestras. Era como vivir un sueño, pero de verdad. Allí abajo, la libertad era desmesurada, casi tan infinita como el horizonte que nos hacía soñar.






Me he quedado con mi playa preferida para el final: La Pile d’Assiette. Es allí que Titú fue coronado rey de los siete mares, que escondió su tesoro al mismo tiempo que su corazón… y es allí, aún ahora, donde me refugio en sueños durante los momentos tristes. Me acuerdo que, en marea baja, las rocas formaban una pequeña bahía donde los niños podían nadar con toda seguridad. Pero cuando subían las aguas, era una guerra permanente contra los elementos donde se libraban intrépidas batallas que los muchachos no se perdían por nada del mundo. Y estaba la Pile d’Assiette, imponente e inmortal, fiel guardián de los mares, una fortaleza de rocas inaccesible para nuestros pequeños guerreros.






Volví allí hace poco. El océano se había comido al indomable guardián y el camino se había derrumbado, dejando la playa cerrada y vallada para impedir su acceso. Pero no pasa nada, no… porque cada vez que quiero verla, cierro los ojos y enseguida oigo el leve sonido del oleaje que me está llamando.